martes, 14 de abril de 2009

Relatos Gays - MI PERRO Y MI PRIMO

Zoo, gay, filial, primos. Su primo lo pilló gozando con su perro...



Yo sabía que me gustaban los hombres, cuando veía películas XXX se me antojaba chupar, como las artistas, esos penes y tragarme su semen. Más no había tenido oportunidad de estar con un hombre. Cuando mi perro, un viejo pastor inglés, creció, seguido le acariciaba su miembro y en ocasiones se lo medio chupaba; una ocasión se vino sobre mi cara, aunque no me tragué el semen, me dio cosa.



Cierta ocasión se me ocurrió untarme mantequilla en el ano: fui con el perro, me desnudé y me unté la mantequilla, me le acerqué y me lamió el culo, fue sensacional, eso se me volvió costumbre. Luego comencé a meterme velas y botellas de cerveza, cuya forma es muy tentadora, lo hacía desnudo, delante del perro.



Mi perro ya estaba acostumbrado a que le acariciara el pene y de vez en cuando masturbarlo, cuando me veía casi siempre se le erectaba y se le veía. Me entró la loca idea de que el me penetrara y poco a poco lo fui intentando.



Total, que un día se me montó, ya tenía su cosa de fuera, empezó a tratar de metérmela, me daba piquetes por todos lados hasta que le atinó: no mames, no fue nada delicado, me la dejó ir de repente y me dolió mucho, pero me aguanté, me bombeaba con una velocidad increíble, de repente sentí el chorro de su semen en mi ano a la vez que sentía que se le agrandaba su cosa.



Me quise despegar ¡y no puede! Se le había hecho una bola en su pene y estaba atorada, por más que pujé no lo logré, ya sabía que eso pasaba entre perros, pero creía que mi culo lo podía sacar. Esa cogida no me hizo gozar, lo que si gocé fue el momento tremendamente erótico de estar pegado con el perro, con su pene dentro de mi culo.



Mientras ambos esperábamos que pudiésemos despegarnos yo gozaba el momento, me acariciaba los pezones y el pene, no quería masturbarme aún, quería que el momento durara lo más posible.



De repente: toc toc ¡tocaban a la puerta! ¡ay güey! me puse rojo, me entró un miedo tremendo y sentí un cosquilleo en todo el cuerpo, me quise safar pero no se podía aún: toc! toc! toc! tocaban más fuerte, ¡en la madre! No voy a contestar, me dije, si al rato me ven salir diré que estaba dormido y no escuché..... ¡trágame tierra! exclamé cuando escuché que estaban abriendo la puerta ¡¿qué hago?! traté de empujar al perro para que se saliera pero lo único que logré fue un gruñido ¡¿qué hago?! volví a preguntarme.... pues no pude hacer nada......



¡No mames pinche joto! fue lo primero que me dijo mi primo Luis al tener frente a sus ojos un cuadro verdaderamente insólito: su primo Samuel -o sea, yo- encuerado, en posición de perrito y con el pito de mi perro atorado en mi culo.... yo tenía los ojos tremendamente abiertos, me temblaba el pie izquierdo y tragaba saliva por los nervios que tenía...



Ja ja ja ja ja! Comenzó a reír Luis y me dijo: no nada más eres joto cabrón, eres un pinche degenerado, si tantas ganas tenías de que te cogieran me lo hubieras dicho. ¿a poco me hubieras cogido? Pude decirle con una voz temblorosa.



Por toda respuesta, se puso frente a mi y se bajó su pantalón y calzón y me ordenó ¡chúpamela güey! Oh! ¡por fin tenía un pene de hombre para chuparlo! Por supuesto que no tenía experiencia, primero se lo acaricié, luego le besé los güevos, seguí con su tronco, besando y lamiendo hasta llegar a su cabeza, apunté su miembro a mi boca y ¡por fin estaba chupándo un pene! Al principio me dio un poco de asco, sobre todo por el olor, pero me lo aguanté pues me imaginaba viniéndose sobre mi boca y cara y tragándome el semen.



La postura era un poco incómoda, pero me tenía bastante caliente: todavía estaba en la posición de perrito y con el pene de mi perro en mi culo, a la vez que estaba chupándole el pene a Luis (cada que me acuerdo me masturbo, como ahorita que lo estoy escribiendo).



De repente el perro se pudo safar, cuando lo hizo de inmediato me lamió el ano ¡qué sensación! Aunque no duró mucho.



Luis entonces me dijo: hay te van cabrón, me la sacó de la boca y con su mano se masturbó, tenía apuntado su pene a mi boca, la cual abrí, recibiendo un chorro de leche que me tragué de inmediato, luego me le pegué nuevamente a su pene y lo chupé hasta dejárselo limpio de leche.



Me dijo que me parara y para mi sorpresa me agarró el pene, que ya tenía sumamente erecto, me lo acarició, se hincó y me lo chupó, como estaba muy caliente no tardé en venirme, le dije que abriera la boca pero no quiso, me dijo que no le gustaba tragarse la leche y con su mano terminó de masturbarme.



Por consejo suyo no lo volví a hacer con mi perro, pero a él lo tuve de amante por dos años, pues luego se fue a trabajar a los Estados Unidos.





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